CUARTO
Una cama inmóvil, una pila de libros viejos y un afiche de los Beatles,
Una vista perdida, la ropa y los platos sucios,
Una caja de vino barato y un tango de Piazzolla,
El olor del último cigarro y unas cuantas monedas sobre la mesa,
El suelo sucio y unas frases perdidas sobre el closet…
Unos poemas inconclusos, un reloj sin tiempo y un techo mudo,
Una canción “La fiebre de un sábado azul y un domingo sin tristezas,
Esquivas a tu corazón y destrozas tu cabeza…”
Una fotografía olvidada, la sombra de mi amargura y el sueño de un mar azul,
El aroma del juego perdido y olvidado, con los fantasmas de un joven pasado,
Una triste tranquilidad y las insoportables ganas de llorar,
El miedo en cada sucio rincón,
Mi náusea alborotada y el aroma de tu ausencia.
CÉSAR AUGUSTO BETANCOURT RESTREPO

José Daniel Rpo. dijo
"...y en tu voz, sólo un pálido adios, y el reloj en tu puño marcó las tres.
El sueño de un sol y de un mar, y una vida peligrosa; camibiando lo amargo por miel y la gris ciudad por rosas. Te hace bien, tanto como hace mal; te hace odiar, tanto como querer y más..."
Creo que todos tenemos ese lugar, ese cuarto (para mí el cuarto oscuro) donde, en soledad, pero acompañado de una que otra melodía, un recuerdo, una imagen físca o mental, pasamos nuestras tristezas (algunas veces inexplicables), las ganas de reir, las de llorar, las alegrías, los miedos... aquel donde nos escapamos y a la vez nos encerramos en la rutina.
14 Marzo 2008 | 03:30 AM