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SATURNO

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11 Septiembre 2010

EL BUENO Y EL MALO: CONFLICTO DE INTERESES


“Pero en esto de mentir y decir la verdad hay mucho que opinar, lo mejor es no arriesgar juicios morales perentorios porque, si damos tiempo al tiempo, siempre llega un día en que la verdad se vuelve mentira y la mentira verdad”

José Saramago

El bien y el mal son temas que han aquejado a la filosofía, la religión, las sociedades y los Estados (ya sean reinos, imperios, Estados-Nación, etc), por siglos, ya que cada una de estas vertientes han dominado el actuar y el deber ser del hombre a lo largo de la historia, pero, ¿Cómo abordar este tema tan extenso? La sola pregunta hipotética podría llenarnos de tratados y tratados sin llegar a una definición satisfactoria, así que el propósito de éste escrito no planea ahondar tanto en lo filosófico y religioso del asunto, sino en su impacto social en el cual, podremos examinar algunos momentos de la historia y pasajes literarios.

Sócrates defendía que la maldad era producto de la ignorancia, es decir, de la ausencia de verdad, y desde el Renacimiento, pasando por la Ilustración y la era Moderna, la búsqueda de la verdad ha sido el mayor precepto, la deificación misma que los hombres le damos a nuestro significado en el mundo, la era de la Razón.

Pero ¿Cuál es la verdad? Especialmente ahora no podemos hablar de una verdad, de una única razón, deberíamos hablar de muchas verdades, casi como personas existen en el mundo. Hay una verdad para una persona, una verdad para una comunidad, una verdad para una sociedad, para un Estado, para un continente, para una raza...

No puedo evitar pensar en “Evangelio según Jesucristo” de José Saramago, cuando nos da en prosa, ese rompimiento de los esquemas de lo bueno y lo malo, de la mentira y la verdad, cuando reunidos, Dios, Jesús y el Diablo, discuten sobre el destino de la humanidad. Dios, esperaba que Jesús muriera para gloria de él mismo y dominio sobre otras deidades en la tierra y relata con frialdad todos aquellos que morirán por su nombre, y el Diablo, un humilde pastor, trata de persuadir a Jesús, diciéndole que la virtud del ser humano era más grande que la glorificación de cualquier dios, que buscar esa libertad espiritual era superior al triunfo de una divinidad egoísta

. Lo que presenciamos acá, es una ruptura de lo que comúnmente hemos aceptado como bueno y malo, como verdadero y falso.

Uno de los periodos más oscuros de la historia de la humanidad, fue marcado por la Iglesia (los representantes de Dios en la tierra), éste fue el de la inquisición. La quema de brujas y herejes y el conocimiento sesgado fueron los comunes denominadores de esta época, y nuestra conciencia actual nos puede decir, fue un periodo lleno de maldad, pero valdría revisar un poco la historia.

La inquisición o el proceso inquisitorial fue establecido en 1184 con el papa Lucio lll, en este tiempo Europa había presentado una inmigración bastante fuerte por parte de los judíos y los moros, especialmente en España, Francia y Alemania. La población europea de aquel entonces era católica, esto incluyendo a sus reyes y obviamente el Papa.

Así, por ejemplo en España, los moros y judíos que no aceptaban sucumbir ante el cristianismo y aceptar el dios católico como el único y perder su fe, padecieron ante la hoguera. En ese tiempo, el pueblo veía con buenos ojos la inquisición, a pesar del amor que profesaba la Iglesia, pues esto implicaba recuperar el terreno perdido que dejaban los ya procesados o ganar adeptos a la religión propia, pagando el diezmo, alabando al mismo dios que ellos adoraban y pagando tributos al mismo rey que ellos servían.

Hoy por hoy la visión que tenemos de este escenario, es de algo espeluznante, algo sin duda macabro, pensar que esos aparatos fueron alguna vez utilizados en personas, imaginar que un ser humano pudo haber pasado por estos procesos de tortura parece algo ficticio, y el sólo hecho de saber que todo esto estuvo disfrazado por el manto sagrado de la Iglesia, lo hace ver aun más repulsivo para quien es ferviente creyente y practicante, ¿Seguiría sintiendo esa misma repulsión y desengaño por parte de la institución de dios en la tierra si le dijéramos que hubiera podido ser judío y no conocer al dios que ama?

Y pudiéramos preguntarnos, ¿Cómo esos sacerdotes, cómo los verdugos y cómo todo un pueblo pudo haber dormido en paz? y si nos respondiéramos que ellos creían ciegamente que cumplían el deseo de Dios... que para ellos, eso era lo justo, lo moralmente correcto y lo bueno.

Otro ejemplo que me gustaría traer, es la Alemania después de la primera guerra mundial, antes de la segunda, y durante esta última. Tras haber perdido la primera guerra mundial , pagarle al resto de Europa recibir a todos los judíos en su territorio, siendo estos quienes tomaron el poder económico del país dejando al alemán puro (de raza) en la miseria, surge un personaje demonizado por la historia, el austriaco Adolf Hitler.

Como canciller de Alemania, trajo progreso al pueblo alemán reactivando la economía, como líder del partido nazi, reunió estos elementos trágicos debido a la post-guerra y unificó la voz del país germano. Constituyó su política antisemita enalteciendo los valores de la raza pura, y esta era la verdad del feuhrer, y era la verdad de los alemanes (no el 100 por ciento de la población), y la guerra que iniciaron fue buscando esta justicia que la primera guerra les negó.

¿Y si Alemania hubiese ganado la guerra, no estaríamos hoy aprendiendo alemán en vez de Inglés, y no serían Franklin D. Roosvelt, Wiston Churchill y los pilotos que lanzaron las bombas sobre Japón los demonios de este cuento?  ¿Y que si no hubiera sido Hitler pudo haber sido otro y peor?

Lo que nos deja como conclusión estas anécdotas y estos cuestionamientos es que, la verdad y el bien son relativos y que la configuración social de los buenos y los malos debe estudiarse o verse desde un punto de vista histórico, holístico, hermenéutico y crítico, que lo que hoy es socialmente aceptado como bueno no es casuístico sino que viene de todo un proceso que involucra agentes y factores, y cuando analizamos esto encontramos que el bueno no es tan bueno y el malo no lo es tanto.

Y son estos elementos los que nos dan pie para identificar cómo se configuran los buenos y los malos en un grupo social, hay que analizarlo todo, primero desde un punto de vista histórico, pues de ahí comprendemos por qué pensamos de cierta manera, hermenéuticamente, para hacer una lectura correcta espacio-temporalmente de la sociedad de hoy, y holístico para entenderlo como un todo, un conjunto de verdades, razones de oriente, de occidente, de la izquierda y la derecha, de los nacionalistas y los anarquistas.

José Ortega y Gasset, nos ayuda a comprender este proceso histórico en el cual, se empiezan a conformar la visión de lo bueno y lo malo en occidente y las clases de hombres (o ciudadanos) y el deber ser de estos.

Habla de unos principios que han hecho posible el nuevo mundo, estos son: la democracia liberal (concepción de los derechos ciudadanos), la experimentación científica (la investigación y el derrumbe de paradigmas) y el industrialismo (que nos brinda una vida más cómoda), es decir, los pilares de la civilización occidental nacidos en Europa y extendidos hasta América.

Estas concepciones del “nuevo orden” de la era moderna, se inserta en los cimientos de una “nueva sociedad”, que empieza a catalogar lo que es bueno y moralmente justo, creando un “nuevo hombre” que ve el mundo perfecto, y aquel que valla en contra de esos principios del modernismo es malo, y José Ortega y Gasset nos da un cuadro explicativo de éste.

“... Esto nos lleva a apuntar en el diagrama psicológico del hombre-masa actual dos primeros rasgos: la libre expansión de sus deseos vitales, por tanto de su persona, y la radical ingratitud hacia cuando ha hecho posible la facilidad de su existencia”

.

Encontramos pues una similitud con Rafael del Águila cuando nos habla del ciudadano impecable que piensa y cree que todo lo que recibe es por orden natural y él no tiene ninguna obligación, es decir el hombre que el modernismo moldeó.

Este ciudadano impecable o niño mimado como lo llamó Ortega y Gasset, se orienta en los sistemas ya establecidos por el Estado, por la sociedad  y por la democracia liberal para denominar y catalogar lo bueno y lo malo. A nuestra pregunta, ¿Cómo se configuran los buenos y los malos en un grupo social?, encontramos ya una respuesta, al menos para occidente, y concierne a todo un proceso histórico inmersa en la filosofía actual que nos guía en nuestra forma de ver la vida.

Habrán otros procesos para oriente medio, para Africa, Asia menor, etc, y la configuración que ellos tengan de lo bueno y lo malo también viene de la historicidad de la región, del país y de la comunidad. Estos son los factores y agentes que definen el rumbo de toda una nación, teniendo como agentes, al estado mismo, instituciones religiosas, personas en particular (en el caso colombiano podríamos nombrar a Gaitán o Pablo Escobar), etc, y factores como, la violencia, el desarrollo industrial, la pobreza, guerras, dictaduras, etc. Ahora bien, cada una de estas regiones, países y comunidades, tiene un desarrollo social único en el que intervienen instituciones estatales, religiosas y sociales que moldean al hombre y lo encaminan dentro de unos procesos culturales en el que podemos decir, combina la identidad de éste para que sea similar a la identidad de los semejantes con los que convive. Este elemento identitario crea un esquema mental que se une con el proceso histórico que el hombre moderno aprende a lo largo de su vida para así poder configurar y crearse una idea mental de lo que es el bien y el mal, o al menos a reconocer al malo y al bueno dentro de los contextos sociales.

Hemos ignorado hasta ahora un elemento muy importante, y es la propaganda. Esta entendida como la promoción de ideas, personas, ideologías y credos.

Esta propaganda es inducida por grupos intelectuales, grupos ideológicos, grupos sociales, asociaciones de carácter económico, que se benefician de este hombre bueno y demoniza a un clase de personaje que lo cataloga de hombre malo, al punto que creemos fervientemente que el malo es malo sin lugar a dudas, que Hitler fue un demonio y que Dios es la consagración de la bondad pura. Estos grupos, dueños de Hollywood, de los mass media, políticos y empresarios, también consolidan y muestran abiertamente los valores de la civilización occidental y muestran un deber ser, dentro de esta maraña social, con la mediatización de los héroes y sus antagonistas.

En conclusión, mi idea no es la de negar estos esquemas “impuestos” de lo que es la bondad y la maldad, sino ser más críticos, y entender por qué algo es aceptable socialmente pero tal vez no políticamente, qué intereses se encuentran ahí, o viceversa, o qué es algo definitivamente horroroso o por qué los Estados agreden a otros con la premisa de la ultima ratio o la prima ratio.

Es decir, que no veamos las cosas como malas y buenas, que traspasemos esta visión moral y religiosa de los acontecimientos, empecemos a entender estos dos conceptos como conflicto de intereses, ya que como nos ha mostrado la historia misma, para que una especie o civilización viva y se establezca, otra debe ser exterminada o dominada y depende de dónde estamos parados, vamos a ver una realidad u otra, y tal vez seamos los malos del cuento el día de mañana y que nuestra verdad no lo era, y que simplemente éramos el molde de un época.


CÉSAR AUGUSTO BETANCOURT RESTREPO

servido por canterville 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Julio César

Julio César dijo

COMPADRE. BUENA ESA. SIGUE ESCRIBIENDO QUE EN ELLO NOS DESCUBRIMOS POCO A POCO. UN ABRAZO

13 Septiembre 2010 | 01:49 PM

canterville

canterville dijo

Gracias Julito, y lo que dices es muy cierto, nos descubrimos un poquito más cada vez que escribimos. Un Abrazo!!

13 Septiembre 2010 | 06:55 PM

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Sobre mí

Me llamo César Augusto Betancourt Restrepo, Estudio Comunicación y Relaciones Corporativas, soy amante del Rock and Roll y la literatura, me encanta tener tertulias filosóficas que llevan a nada, disfrutar del cine, de un buen tequila con sal y limón, un beso tierno, una mirada salvaje, un gesto insinuante... me gusta cantar en voz alta y reírme con ganas, perderme en mí mismo y al final sonreír.
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