LA CAVERNA
“A human being is a being who is constantly 'under construction,' but also, in a parallel fashion, always in a state of constant destruction”
José Saramago
Y Dios creó al hombre del barro y éste vuelve a él (al barro) no para crear o recrear al hombre mismo, sino para terminar de construirse, esperar que la mezcla tenga el color, la consistencia y la forma adecuada al que sólo el horno ancestral puede dar un finalizado ‘humano’... pero entonces nos soñamos en la caverna, ese horno producto del progreso veloz, no el ancestral, no el que tiene algún significado para nosotros; y estamos ahí, sentados y fusionados a un banquillo de piedra inamovible, repensandonos, redefiniéndonos... “lo que ocurría era que estaba atado al respaldo del banco atado sin cuerdas ni cadenas, mas atado”
y ¿qué progreso nos trae el progreso? ¿Es acaso la deshumanización de la sociedad, los procesos, las relaciones intra e interpersonales? ¿Es acaso el hombre uno con el banquillo?Y fuera de la Caverna está Platón con su luz, con su mundo inteligiblemente perfecto y como lo dice Eduardo Galeano, “la perfección es el aburrido privilegio de los dioses”.
Tal vez habrá que rehacer el molde en la alfarería de la humanidad porque en la fábrica del progreso el hombre está destinado a ser una figurilla sin ‘razón’, un ser de las sombras, es un esclavo. Un ser con ceguera blanca... perlática... “la idea de que no era sólo esta mañana la que perdía, que la obscena frase del subjefe había hecho desaparecer lo que quedaba de la realidad del mundo en que aprendió y se habituó a vivir, que a partir de hoy todo sería poco más que apariencia, ilusión, ausencia de sentido, interrogaciones sin respuesta”.
Y entonces qué somos nosotros? ¿Cómo queremos ser? los videntes de un manicomio o el frío resultado de un proceso de interacciones frías y cálculos algorítmicos que nos definen como un ser con el número tal... He aquí la clave, ¿Nosotros pensamos el progreso o es el progreso el que nos piensa y nos diseña? ¿Hablamos porque queremos hablar, porque seguimos siendo seres sociales o sólo porque debemos terminar una transacción? ¿Queremos salir de la caverna y ver luz natural o quedarnos en la caverna y ver luz artificial?
La vida, toda la vida, se trata de hacer preguntas. No de saber las respuestas. Aún cuando sepamos que nunca encontraremos las repuestas tenemos que seguir haciéndonos las preguntas... y preguntémonos qué son unos hombres y mujeres sin nombre con una ceguera blanca sino una gran incógnita en el mundo... cuestionémonos qué es un hombre que trafica con la no muerte de otro hombre o todo un pueblo que lucha por levantarse del suelo o uno que se indaga así mismo hablando con el fantasma de Ricardo Reis... qué son estas historias sino la humanidad misma como epicentro de la perplejidad del hombre “ante la impostergable finitud de la existencia”.
Nos construimos, o al menos así debe ser. Por eso somos de barro, al comienzo simplemente arena, agua y arcilla, después forma: manos, cara, pies, lengua, pero se forma también el alma, no de diferente materia como decía Platón, sino de barro también. Nos estamos construyendo, con cada día el calor del horno dará firmeza a esas formas a veces etéreas. Pero es el Centro el que nos cierra esa posibilidad de mantener vívida la esperanza de la alfarería del y para el hombre, y entonces repetimos preguntas como quien no escucha sus pensamientos ¿Qué progreso nos trae el progreso?
La Caverna, la de Platón o la de Saramago es aquella que nos aleja de nosotros mismos y de los otros. Esa es la oscuridad total, el reino de las sombras. Salir de ese mundo una ceguera momentánea, acostumbrar la vista, la lucidez. El progreso que sirve es el que nos ofrece el devenir de nuestro ser. Un progreso desproporcionado es ponerle fecha de caducidad a éste.
César Augusto Betancourt Restrepo
